El análisis de Gregorio Mª Callejo: una jornada desastrosa pone al Rayo Majadahonda al borde del precipicio

GREGORIO Mª CALLEJO. Sin esperanza y sin miedo. Así creo que juran los jueces ingleses, y así afrontaba yo el partido contra el Elche. A los malos resultados de las últimas semanas, a la solvencia del Elche en su campo y al atroz calendario que nos aguarda, se unió desde el viernes la lesión de Ruibal y las victorias de Extremadura, Tenerife y Lugo. No había demasiadas esperanzas, pero tampoco (esa es la divisa de la casa) miedo alguno. El Elche tiene esa impronta de “equipo serio” que se van ganando durante la temporada algunos conjuntos. Comenzó en las catacumbas de la clasificación y de manera ordenadita, laboriosa y eficaz, escaló poco a poco posiciones hasta encontrarse en una zona desahogada. En el Cerro fue uno de esos equipos que nos ganan sin ser ni mejores ni peores que nosotros ni todo lo contrario, pero que se aprovechan de nuestras debilidades y errores y se llevan los tres puntos mientras nosotros nos quedamos con cara de bobos.

Gregorio Mª Callejo

Este aciago domingo 5 de mayo de 2019 funcionó en ese modo. El modo de un equipo ordenado, sin alardes, sin excesos. Con la referencia de un delantero casi cuarentón que sigue marcando goles y al que imagino le harán una estatua en Elche cuando cuelgue las botas. Y con la inteligencia para ahogar al Rayo con una presión muy alta y para torturarlo con entradas desde las bandas y aprovechando nuestras carencias en el juego aéreo. Ciertamente las bajas nos están haciendo daño, mucho daño. Sin Verdés y sin Ruibal, el equipo flaqueó en el juego por alto y en ataque se mostró fallón, poco determinante.

Sin embargo, y pese a que ningún jugador estuvo a su mejor nivel, salvo los destellos de Fede Varela, la cuestión es que el encuentro estuvo muy equilibrado en la primera parte. Con Óscar y Verza intentando dar solidez defensiva al medio del campo, con Enzo y Fede más libres, y con el habitual acompañamiento de los vertiginosos Benito e Iza. Y pese a que no estuvieron en absoluto brillantes, se crearon ocasiones. También es cierto que gracias a Basilio no marcó el Elche en más de una ocasión. Nos fuimos al descanso con un “ni fu ni fa”. Ese “ni fu ni fa” es ambivalente. Lo puedes tomar desesperadamente y pensar que estamos haciendo un partido malo o puedes entrever que si el rival va dejando espacios y jugamos un poquito mejor… se puede ganar el partido. Y así pareció que podía ocurrir. El cabezazo de Galán y el tiro marrado por Verza nos hicieron tirarnos de los pelos, y de repente… llegó el invitado de todas las fiestas. El incombustible Nino con su golito de cada domingo. Se marchó Galán con amarilla y entro Manu, salió del campo un desafortunado Dani Romera y entró Héctor, pero las cosas no salían.

Un pegajoso Elche no nos permitía combinar con fluidez y el segundo gol pareció que nos tumbaba definitivamente en la lona. Fede respondió al golpe con un gol magnífico, pero poquito a poco se nos fue apagando el Rayo y nuestra ilusión por conseguir un punto determinante. El extravagante remate de Iza en una contra rapidísima (cuando tenía a Héctor muy desmarcado a la izquierda) fue el final de nuestras posibilidades, que se diluyeron segundo a segundo. Dicho esto, y aceptando que el Rayo no jugó bien, el resultado pudo también ser mejor.

El Rayo afronta ahora, desde la boca del abismo, cuatro jornadas reales y una virtual que van a ser dramáticas. Los llamamientos a la movilización han sido muchos este año, normalmente con resultados no demasiado satisfactorios. Corresponde a los jugadores y al entrenador la mayor parte de la tarea de conseguir culminar la hazaña de la permanencia. Un objetivo cuya grandeza y cuyo mérito sería indiscutible. Si se consigue, sólo con el tiempo se alcanzará a valorar la gesta de un equipo hecho de nuevas, al que han asolado las lesiones y que ha ido entrenando en donde ha podido.

Pero también corresponde a la ciudad la responsabilidad de volcarse con su club, y desde luego, a la directiva hacer todo lo posible no sólo por llenar el Cerro en los dos partidos que quedan, sino también por conseguir que Majadahonda “se llene de Rayo” en estas semanas. Por darle una visibilidad real al Rayo y por hacer que Majadahonda parezca durante este mes una ciudad enloquecida por el fútbol. Y siendo así, cambiaré el juramento de los jueces ingleses, me quedaré con el “sin miedo” y me llenaré de esperanza.

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