Gregorio Callejo, Tomás Hdez y J. Federico Mtnez: tres visiones del “Rayo Majadahonda, The End”

GREGORIO Mª CALLEJO HERNANZ: “This is the end, beautiful friend the end…”, así comienza la mítica canción de los Doors. La misma canción que abre Apocalypsis Now, con la voz penetrante y lisérgica de Jim Morrison acompañando imágenes de una selva ardiendo a golpe de napalm. Por supuesto que el final del Rayo Majadahonda en Segunda no tiene la dimensión trágica de la película de Coppola. Éste aprovechó el libro de Conrad para hilar una reflexión dramática sobre el ser humano, sobre la violencia, sobre los abismos del alma. Lo del Rayo… es sólo fútbol. Dicho groseramente, una cosa son las putadas y otra cosa son las tragedias. Sin embargo, al acabar el partido y cuando los jugadores yacían en el suelo del Tartiere, no me dejaba de sonar en la cabeza la canción de los Doors mientras en mi imaginación se colaban imágenes de lanzamientos de napalm sobre el Cerro, sobre sus nuevas cabinas, sobres sus flamantes torres y sobre sus lonas gigantes grabadas con emblemas del fútbol profesional. Como si toda la ilusión de esta inesperada temporada ardiera de golpe.

Gregorio Mª Callejo en el Cerro con un joven admirador

El Rayo Majadahonda acomete ahora su regreso a Segunda B. No es ninguna banalidad. Dejando de lado la etapa anterior, esta última en Segunda b sólo duró tres años. Tres años vertiginosos. En el primero se salvó el equipo con alguna holgura. En el segundo se jugó el play off, en el tercero se ascendió. Es una categoría muy fuerte y nosotros venimos de donde venimos. La Segunda B era ya un premio colosal. Para jugar ahora, después de este descenso, se plantean muchos interrogantes. Desde el punto de vista social desde luego, puesto que no sabemos en qué va a quedar el proceso de transformación en sociedad anónima. En lo deportivo, es imposible saber ahora qué jugadores de la actual plantilla van a seguir con nosotros. Es de suponer que muy pocos. De nuevo la dirección técnica tendrá un trabajo descomunal desde mañana para configurar un grupo de jugadores que sepa mantener el tipo en la categoría de bronce. Tampoco es fácil saber cuántos aficionados renovarán su abono. Ojalá este año haya servido para plantar las semillas de una masa social permanente.

En lo tocante al partido, el Rayo Majadahonda compendió en Oviedo toda su temporada. El partido fue un resumen de los defectos y virtudes del equipo. De un equipo que ha hecho aquello que hace algunas semanas advertí como algo que no quería ver ni en pintura: ser un derrotado romántico y heroico. Salió al Tartiere enchufadísimo, rápido, buscando la fortaleza de Ruibal arriba y con infinidad de acercamientos al área rival. Con un fútbol de toque pero a la vez muy directo, sin que sobrasen demasiados pases. De hecho, el Rayo Majadahonda, sobre todo desde el minuto diez al cuarenta, hizo lo que quiso con un Oviedo que parecía no jugarse nada. Como ha ocurrido tantas veces, cuando mejor pintaba todo y después del golazo de Varela, el Oviedo empató. Empató y después del descanso pareció creer en sus posibilidades de enganchar una carambola y conseguir la sexta plaza. Parecía que el Rayo se nos hundía, más aún con la lesión de Fede Varela y después de ver un paradón antológico de Cantero. Sin embargo, dos golpes de furia, un cabezazo de Héctor y una contra bien terminada por Dani Romera, ponían el partido en la mano del Rayo.

Sin capacidad para parar el encuentro ni minimizar su ritmo, el Rayo Majadahonda ofreció esa cara dramática de equipo tremendamente sufriente sin el balón. El Oviedo empató en dos bofetones. Y en la guerra final, a dentelladas y con el partido completamente roto, Ruibal pudo ganarlo en una jugada en la que anduvo un tanto individualista y el Rayo acabó perdiendo en el último suspiro. La fragilidad defensiva ha sido uno de los boquetes de agua en el barco del Rayo esta temporada. El final del partido fue una ruleta rusa, una moneda al aire en la que salimos de nuevo perdedores. Ni tan siquiera esta victoria que de nuevo se escapó entre los dedos nos garantizaba nada. El Rayo Majadahonda ha dilapidado su ventaja con inusitada prodigalidad. Tiempo habrá de analizar y buscar las causas de la debacle de los últimos dos meses. Los fichajes de enero parecieron mejorar el equipo, que se disparó antes del partido contra el Tenerife siete puntos por encima del descenso.

El Rayo vuelve a 2ªB, y ya es mucho. Quizás no es exigible ascender inexorablemente el año que viene, pero sí que se debe consolidar al equipo en la categoría y consolidarlo como un conjunto fuerte, a tener en cuenta siempre. Igual que se debe aprovechar el tirón de público y abonos y se debe aprovechar la propia conciencia que Majadahonda ha tomado de su equipo para que el Cerro no vuelva a ser el lugar semidesértico de los años en tercera. Ni aquel lugar simpático en el que 400 o 500 personas veíamos al atractivo equipo de la Segunda B. El Rayo ha caído como lo hacía Steling Hayden en el final de “La Jungla de Asfalto”, agonizando en las mismas puertas del lugar de sus sueños. De este sueño del que nos han despertado con bombas de napalm todos tendremos siempre un grato recuerdo. Pero no debemos vivir alimentados por ese recuerdo. Ese el reto que deben afrontar directiva y dirección técnica, y el reto que debemos afrontar la pequeña gran afición del Rayo Majadahonda.​

Tomás Hdez

TOMAS HERNANDEZ LECUONA. Mi crónica se la dejo a los cronistas principales de este diario. Yo iba con el corazón partido y acabó roto. Qué mala suerte. Lo del partido Oviedo-Rayo Majadahonda es un buen resumen de la temporada: llegamos a convencernos de que los presupuestos no eran importantes. Lo tuvimos en la punta de los dedos pero se esfumó en el último momento. Es el momento de animarnos para tratar de que el año que viene volvamos a luchar por un play off para volver cuanto antes al fútbol profesional. Para eso hace falta un Cerro del Espino con más de 2000 personas animando en Segunda B para luchar por volver a Segunda. Fue una digna temporada, ganamos a grandes equipos como Oviedo o Depor y nos quedamos fuera por muy poco. Fuimos un equipo competitivo. Sonó el despertador en el minuto 95 y nos despertó de un sueño que comenzó en el minuto 97. El año que viene toca volver a soñar.

J. Federico Mtnez

J. FEDERICO MARTINEZ UTRERA. Se consumó la tragedia con una crueldad que, para los que creen en el “karma”, solo devuelve una temporada de impericias, abusos y prepotencias de una dirección única que creyó que la Segunda A era como el parchís y que jugó con los sentimientos de una afición que lo dio todo y que a cambio no recibió nada. Un aficionado anónimo, David Muñoz Rodríguez (@davidmrcompy) lo clavó en un comentario en las redes sociales: “hay un problema de gestión y nos llevará al descenso”. Su vaticinio de hace 6 meses, desgraciadamente, se ha cumplido. Y desde esa misma libertad de opinión y crítica me toca el ingrato papel de proporcionar las que a mi juicio han sido 7 razones objetivas del descenso de categoría, porque si no se subsanan se repetirán:

1- Ausencia de limitación de mandatos. Un presidente que con 40 años en el cargo vale para mantenerse él pero no el equipo. Exceso de presidencialismo en la gestión.
2- Falta de autocrítica: Un sector de la afición que le perdona todo a Iriondo (y hace bien), pero en el fútbol (y en la vida) números cantan y los del equipo en los últimos 8 partidos son desastrosos (2 puntos de 24).
3- Exclusiones con engaños. Haber prescindido de ex directivos, aficionados pata negra, segundos entrenadores, directores deportivos, jugadores del ascenso, canteranos y hasta utilleros que acompañaron al equipo desde Tercera, cuando estaban a las duras. Y cuando llegaron las “maduras” los apartaron sin la más mínima contemplación. Exceso de codicia, la avaricia rompe el saco.

4- Pésima política de renovaciones y fichajes de mercado de invierno. Los jugadores clave se borraron del equipo en el ultimo tramo de temporada (el más decisivo) y no metían el pie: lógico, no fueron renovados. La prepotencia con que el presidente dijo que el equipo no necesitaba fichajes de invierno (“Lo pasaremos mal y sufriremos pero no habrá refuerzos”) teniendo 2 millones de euros del club en el banco, raya el suicidio, en su caso, solo colectivo, ya que el presidente sigue. Los que llegaron (Manu del Moral y Héctor (los que menos), Dani Romera y Aristóteles) fallaron en sus expectativas o se lesionaron.
5- El sistema falló. El método de 3 centrales, salida con balón jugado y defensa en rombo de Johan Cruiff, fue abandonado por otros equipos en los años 70 del siglo pasado por los “agujeros” y riesgos que genera. Solo lo mantienen los equipos de máxima élite y precisión (Manchester City, FC Barcelona, Juve…). Le costó el descenso a la Cultural Leonesa y no se escuchó a los analistas experimentados de la Segunda A que lo advertían. El “método budista” de entrenamiento es una parodia más cómica que eficaz y tolerar las juergas televisadas del vestuario, otro “amateurismo” del cuerpo técnico.

6- Las excusas de mal pagador impidieron ver la tragedia que se avecinaba y por eso no se corrigió: La “falta” de afición (con entradas astronómicas), el “mal estado” del césped (se cambió de inmediato aunque se tardó por exceso de regateo con el At. Madrid), la ausencia de un campo fijo para entrenar (todos los alternativos eran de excelente calidad), la mala suerte, los árbitros, el bajo presupuesto (si sumamos los 2 millones de Theo y Lucas sería el 10º de 2ªA)… Los errores suelen estar en nosotros mismos, no en los demás. Y en el mundo del fútbol se suele decir que los entrenadores son muy “llorones”, a pesar de sus altos sueldos en comparación con los más comunes mortales.
7-Una comunicación infantiloide solo destinada a exacerbar a los “hooligans” contra los que veían lagunas en el equipo. “Un gran Rayo Majadahonda…”; “El equipo que mejor juega…”; “Un equipo de primera (¡)…”; “Un fútbol vistoso…”. Ausencia de campañas en favor de los aficionados (como la que hubo en el último desplazamiento a Oviedo); alto precio de las entradas; falta de transparencia en la gestión (Informe Dyntra, Informe del economista Jaime Sánchez); tramposa distinción entre socios y abonados (para impedir una SAD más amplia que ponía en peligro sus cargos y que ahora se ha ido al garete); desafortunada y ofensiva campaña institucional contra el Cartagena (“No esperes al minuto 97”)…

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