Desvelan la relación entre la escritora Carmen Laforet y la tenista Lili Álvarez y su muerte por Alzheimer en Majadahonda

LIDIA GARCIA. El escritor, performer y colaborador en El Confidencial, RNE, Leer y Catalunya Plural, autor del libro “Paràgrafs de Barcelona”, Jordi Corominas i Julián, ha escrito un artículo sobre Carmen Laforet donde recuerda su fallecimiento en Majadahonda, donde aún reside parte de su familia, y en el que le atribuye una relación con la tenista Lili Alvarez a propósito de su conocida biografía que recoge sus cartas con ella. “¿Otra vez Carmen Laforet? ¿No existía ya esta biografía de Anna Caballé e Israel Rolón-Barada? ¿Qué sentido tiene volver a publicarla? Muchos, y no sólo por la excusa planteada en la nueva edición de RBA, donde el descubrimiento de cartas entre la escritora y la tenista Lili Álvarez parece cerrar el círculo intuido con anterioridad para mostrar como “la mujer nueva”, no sólo el título de su tercera novela, escondía todas las represiones de la autora de “Nada“, en fuga por estar siempre al borde del abismo durante una época poco propicia para una personalidad con tantas ataduras internas”.

“Hace poco Alberto Olmos abogaba en estas mismas páginas por el sentido de recuperar textos, y si hablamos de estudios literarios e históricos, su reflexión cobra aún mayor sentido porque nuestra tradición es más bien escasa a la hora de abordar vidas pasadas. Carencia remarcable si nos comparamos, como es necesario hacer en casi todos los campos, con la tradición europea, mucho más prolija en este aspecto para enlazar el pasado con el presente. Y propiciar mimbres para el futuro, al entender la Cultura desde una continuidad enlazada, no sólo desde la velocidad propia de tanta comida rápida desechada cuando se difuminan las modas”, prosigue el autor.

Tras su primera estancia en Estados Unidos, Carmen Laforet se convirtió “en la niñita de los ojos de Ramón J. Sender, a quien dio largas en un encuentro de escritores en Madrid, cuando ella había hallado un leve respiro de su propio agobio al instalarse durante un lustro de los setenta en Roma”. Según este relato, la ciudad italiana era “más proclive a su bohemia y posible filón por unas maletas extraviadas con los únicos escritos con suficiente valor para aniquilar su silencio, paulatino y dramático mientras respiró, pese a sus conferencias norteamericanas de los años ochenta, cada vez más volátiles por la degradación de su cerebro, finalmente enmudecido por el Alzheimer hasta su fallecimiento el 28 de febrero de 2004 en Majadahonda“. Lea el artículo completo.

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