Historia del Cerro del Espino (Majadahonda) y fotos de personajes: daños colaterales

TONY DEL VALLE. La Historia del Cerro del Espino comienza en el año 1976, cuando el Hiper Majadahonda -hoy Carrefour- hace un donativo al Ayuntamiento de Majadahonda de un millón de pesetas -6.000 €- para que lo destinaran al cerramiento de un nuevo campo de fútbol. El estadio estaría en los terrenos municipales anejos a la Urbanización El Pinar del Plantío y son los mismos socios y directivos del C.F. Rayo Majadahonda los que ayudan con su propio trabajo manual a cerrar el campo y preparar el terreno de juego. Por supuesto era de tierra, sin gradas y con unos vestuarios que dejaban mucho que desear. Más tarde el Ayuntamiento mejoró los vestuarios y aprovechando el desnivel del campo realizó unas gradas con hileras de ladrillo, una especie de escaleras longitudinales que servían para que los aficionados pudieran sentarse tranquilamente y presenciar los partidos. Después de varios años y de estar dando la lata al Ayuntamiento, el arquitecto municipal Carlos Iturrieta nos hizo un proyecto de remodelación del campo que consistía en la mejora de los vestuarios y una cubierta de hierro forjado en toda la grada de tribuna. Aquello supuso para el club una mejora impresionante para lo que hasta esas fechas habíamos tenido. En la temporada 1993/94, el Rayo Majadahonda tuvo que abandonar por obras de mejora el “Cerro del Espino”, jugando sus partidos de casa en el pueblo vecino de Las Rozas, concretamente en el estadio “Dehesa de Navalcarbón”, hasta que finalizaran la remodelación del “Nuevo Cerro del Espino”, que son las actuales instalaciones que hoy conocemos.

Cuando por primera vez en la historia de Majadahonda, el municipio tiene unas instalaciones de primer orden para uso y disfrute del club majariego, con un campo de hierba y 2 campos más de tierra con vestuarios independientes, el personaje, junto a su Junta Directiva, firman lo que llaman “el excelente acuerdo” con el Atlético de Madrid. Así todos contentos: el Ayuntamiento se compromete a hacer las instalaciones deportivas actuales de “La Oliva” para el Rayo Majadahonda, pero se quita de en medio el costoso mantenimiento de las instalaciones del “Cerro del Espino”. Y a la vez abre la vía para que el Rayo Majadahonda tenga una fuente de financiación extra, junto a la concesión de la gestión de la Escuela Municipal de Fútbol, además de los campeonatos municipales de fútbol 7.

Todas estas ayudas públicas convierten al Rayo Majadahonda en el club más potentes económicamente de la Tercera División durante decenas de años, así como uno de los punteros financieramente hablando de la Segunda División B. Otra cosa muy distinta son las milongas que nos cuenta el Personaje sobre la pobreza económica del Rayo Majadahonda, que solo se las cree él. Una simple operación aritmética revelaría cuanto se ha gastado: si esta temporada tiene 7 millones de presupuesto, las tres últimas temporadas a razón de 1 millón de euros alcanzarían ya los 10. Y si lleva en el cargo 40 años, aunque el presupuesto haya sido decreciente, empiecen a sumar… Yo calculo que en total se ha pulido 20 millones de euros, pero solo una auditoría externa aclararía estas cifras, ya que las taquillas, cesión de espacios públicos a terceros, venta de “merchandising” etc se ha hecho siempre con opacidad.

El más “beneficiado” de este acuerdo fue sin duda el Atlético de Madrid, que “por la cara” y coste 0 iba a disponer de unas instalaciones y terrenos anexos al campo para su futura Ciudad Deportiva por un tiempo de 50 años. Se acordó poner un canon de 150.000,00 €. anuales que pagaría al Ayuntamiento. Y este, luego los desviaría al Rayo Majadahonda, una entidad privada. El segundo beneficiado fue el Ayuntamiento, que ha instancias de la Junta Directiva con el Personaje a la cabeza, firmó el acuerdo, accediendo entregar todas la instalaciones al Atlético de Madrid a cambio de ahorrarse el coste económico de todo el mantenimiento de los campos: vestuarios, agua, luz y demás costes de explotación en todas las instalaciones.

Esta vez el Ayuntamiento mató dos pájaros de un tiro: el primero, ahorro de los costes de mantenimiento. Y el segundo quitarse de encima a los pedigüeños del Rayo, que no salen nunca del Ayuntamiento pidiendo y pidiendo. El tercer “beneficiado” económicamente fue el Rayo Majadahonda, que a partir de ahora tendría unos ingresos públicos fijos sin hacer nada: Concesión de la Escuela, Campeonato municipal de Fútbol-7, subvención directa del Ayuntamiento y canon extra del Atlético de Madrid. Jugada perfecta a tres bandas.

Cuando el club tuvo que abandonar las instalaciones y se produjo el desahucio del “Cerro del Espino” a los campos de “La Oliva”, todo pasaba a ser propiedad del Atlético de Madrid por un tiempo de 50 años. El uso de las instalaciones por parte del Rayo Majadahonda se quedó únicamente para jugar los partidos oficiales del primer equipo en el campo principal y siempre como segunda opción: la primera la tiene el Atlético de Madrid B si coinciden en fechas los partidos oficiales de los dos equipos.

Como se firmó un excelente acuerdo tripartito, cuyo duro y oscuro trabajo hizo Ballester (padre del futbolista) y como siempre la gloria se la apropió el personaje, nadie por entonces supuso que el Rayo Majadahonda pudiera subir de categoría y pasar de aficionado a profesional. Aquí vienen entonces los daños colaterales para el Rayo y sus aficionados: después de una inspección ocular al “Cerro del Espino” por parte de LaLiga1,2,3, esta emite un dictamen desfavorable aduciendo que las instalaciones actuales no se ajustan a las exigencias mínimas en seguridad, accesos sin tornos, alumbrado insuficiente para la retransmisión de los partidos, falta de espacios para la ubicación de los medios de prensa y televisión… Por lo tanto, el “Cerro del Espino” no es un campo preparado para poder jugar los partidos del equipo majariego, dándole un plazo de 1 año para que puedan acometer las obras necesarias y ajustarlo a los mínimos exigidos por La Liga 1,2,3.

El Personaje, siempre en su línea única y genuina, manifiesta que después de cerca de 40 años en el club, desconocía que el “Cerro del Espino” estuviera tan mal. Ahora que hay que afrontar unas obras en el “Cerro del Espino” exigidas por LaLiga1,2,3 nos preguntamos: ¿cómo es posible que después de cerca de 4 meses no exista nada, ningún proyecto, ninguna solicitud de permiso de obras?; ¿Que información da el club a sus socios y abonados sobre el proyecto de mejoras exigidas por la LaLiga1,2,3?

Está muy claro que ni el Ayuntamiento ni el Atlético de Madrid van a costear las obras, el primero porque incurriría en una ilegalidad evidente, como sería destinar dinero de las arcas municipales a unas instalaciones que actualmente son propiedad del Atlético de Madrid en régimen de concesión. Y el segundo porque no le atañe nada este tema y demasiado ha hecho con alquilar el Wanda Metropolitano para que dispute allí los partidos oficiales. Hablan de un pacto bajo cuerda entre ambos clubes en el que entraría el alquiler del Wanda. Debería ser público para evitar suspicacias, pero sea lo que fuere, si el Personaje cree que va a engañar también a los avezados expertos inmobiliarios que son los Gil, va dado.

Nos metemos en el mes de octubre y según manifiesta en un pleno el concejal de Urbanismo, el Rayo Majadahonda no ha solicitado licencia alguna de obras de reforma del “Cerro del Espino”. Todo esto ha empezado a indignar a los miles de aficionados que se desplazan los días de partido al Wanda Metropolitano, sintiéndose abandonados y estafados por el club, pues han pagado un abono de Tribuna (180 €) teniendo el mismo asiento que el abonado que solo pagó un abono de Fondo Oeste a un precio muy inferior. Y ahora empieza la campaña de “Volvamos al Cerro”: la gente ya está harta de chuparse casi dos horas de viaje y un centenar de kilómetros para ver los partidos de su equipo.

Parecen justas y entendibles las quejas de los aficionados. La Junta Directiva está alojada en un sueño de verano, presidiendo los partidos en un campo 5 estrellas, alejados de los aficionados para estar más cómodos y lejos de posibles pitidos y protestas, comilonas a tutiplén, una semana sí y otra también, una a cargo de los “paganinis” del Rayo y la otra los “paganinis” de enfrente, viajes por toda España un fin de semana sí y otro no, alojamientos en hoteles de 3,4,5 estrellas en régimen de pensión completa…

Suponemos que de los directivos no estarán cargando estos gastos al club, pero oficialmente se desconoce quien los paga, por tanto lo deberían hacer ellos de su propio bolsillo. Si alguien del club lo puede responder sería lo ideal, pero las quejas al superpoblado departamento de Comunicación –ese es otro cantar que debería abordar MJD Magazin con mayor profundidad– se suceden por la ausencia de respuestas a las dudas de los aficionados y la escasez de información fiable. Esta es la verdadera Historia del Cerro del Espino y del Personaje. Y con ella, los daños colaterales del convenio del Rayo Majadahonda: los aficionados.